LOS DEVANEOS DE DIOS

Según citaba el antiguo texto, el capitán y el sargento miraban hacia el este del estrecho valle, tan propio de la singular orografía guipuzcoana. La co- lumna enemiga avanzaba y se hallaba a unos mil metros de donde ellos se encontraban emboscados. El capitán Lascuráin había preparado minuciosa- mente la acción utilizando su amplio conocimiento del terreno, y comprobó que su previsión era acertada al ver que los dos hombres de avanzada que el mando enemigo había desplegado a cincuenta metros a ambos lados de su formación se unían a la derecha del riachuelo.

Estos relatos fueron encontrados como parte del manuscrito que Ambrose Bramson halló en la biblioteca que había heredado, junto con la casa, de su abuelo William. No eran historias escritas por su abuelo sino por un antepa- sado más antiguo, Walter Bramson. Al final de sus casi quinientas páginas, se podía leer «Brighton 1913» y a continuación Walter B. con una rúbrica. A Ambrose le interesó el texto desde el momento en el que leyó el títu- lo «The ravings of God», que puede traducirse como Los devaneos o Los desvaríos de Dios. Viendo más documentación, cartas, notas y todo tipo de apuntes que su antepasado escribió con profusión y conservó con celo, se empezó a emocionar ante la magnitud de todo aquello que había en- contrado sin pretenderlo y que podría llevar-

lo mundos por conocer. Pronto se percató de que Walter Bramson había escrito un extenso relato inédito de sus andanzas en el territorio de Gipuzkoa durante la tercera guerra carlis- ta, y tan conmovido como contento, continuó su apasionante lectura, ¿a dónde le llevará esa fuente casi inagotable de conocimientos so- bre el pasado?

 

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